MUELLE DE ARRILUCE.GETXO.VIZCAYA. ACUARELA DE PALOMA ROJAS

jueves, 7 de marzo de 2013


FELIPE II, REY DE ESPAÑA, 1527-1598

Según los apuntes proporcionados por el  ponente Luis Crovetto

Felipe II

Rey de España, llamado el Prudente, nacido el 21 de mayo de 1527 en Valladolid y muerto el 13 de septiembre de 1598 en el Escorial. Fue hijo primogénito del Emperador Carlos V  de la Emperatriz Isabel de Portugal.

LA INFANCIA DEL PRÍNCIPE FELIPE


El 11 de marzo de 1526, en el Alcázar de Sevilla, Carlos V contrajo matrimonio con su prima Isabel de Portugal. La joven pareja pasó su luna de miel en la Alhambra granadina, donde fue concebido el futuro Felipe II.
Carlos V
                                                                                                    Isabel de Portugal

El 21 de mayo de 1527, con la Corte trasladada a  Valladolid, la reina se puso de parto. El alumbramiento fue difícil y largo, duró trece horas. Según cuentan las crónicas de la época, la comadrona que asistía a la reina Isabel la instó a que gritara, a lo que la reina contestó, en su portugués natal: Nao me faleis tal, minha comare, que eu morirei, mas no gritarei.
Leonor de Austria
Seis semanas después del parto, el príncipe fue bautizado  por el arzobispo de Toledo en el convento de San Pablo de  Valladolid. Como padrinos ejercieron el condestable de Castilla, el duque de Béjar y la hermana mayor del Emperador, Leonor. La situación política internacional provocó que la alegría de Carlos V fuera efímera, ya que la guerra con Francia se recrudeció en estas fechas. El 6 de mayo de 1527 las tropas imperiales habían castigado la alianza del papa Clemente VII con el rey francés en el famoso Saco de Roma. Las noticias de este suceso llegaron a Valladolid en el mes de junio, lo que provocó el fin de los festejos. La difícil situación política absorbió la atención del Emperador, que en los años siguientes apenas pudo encargarse de la educación de su primogénito. 
Clemente VII
El 10 de mayo de 1528, los procuradores de las Cortes se reunieron en el convento madrileño de San Jerónimo donde reconocieron al niño como regente del reino. El 27 de julio de 1529 el Emperador embarcó en Barcelona, para no regresar hasta 1533.
Infanta María
La infancia del príncipe transcurrió entre las ausencias de su padre y los desvelos de la Corte, encabezada por su madre. Tuvo una infancia solitaria, como casi todos los príncipes de la época, alejado del contacto con otros niños de su edad. Ello, unido a la temprana muerte de su madre, marcó su carácter. Felipe creció muy unido a sus hermanas: María y Juana y a su madre. En los primeros años de su vida tuvieron gran protagonismo los personajes portugueses de la Corte de Isabel, especialmente la dama Leonor Mascarenhas. 
Infanta Juana
Fue la Emperatriz Isabel  la que inculcó a su hijo el sentido del deber y la profunda religiosidad de la que hizo gala a lo largo de toda su vida. Le Emperatriz procuró en todo momento estar junto a sus hijos, pero Carlos V consideraba necesario que el que estaba llamado a ser su sucesor recibiera una cuidada educación y  no pasara su infancia rodeado de mujeres. Por  ello nombró a Pedro González de Mendoza mayordomo mayor y ayo del príncipe. La labor de González de Mendoza consistió en instruir al príncipe en el protocolo de la Corte, ofrecerle una sólida formación religiosa e inculcarle los valores que Carlos V consideraba imprescindibles en su sucesor. El ayo del príncipe tenía la misión de informar asiduamente al Emperador de los progresos y del aprendizaje de su heredero. A este efecto, González de Mendoza mantuvo una amplia correspondencia con el Emperador, que supone un importante testimonio no sólo de la educación recibida por el príncipe sino también de la vida en la Corte.
Pedro González de Mendoza
En 1533 Carlos V regresó a España y tomó las riendas de la Educación del príncipe. Al año siguiente nombró como preceptor al erudito Martínez de Silíceo. La preceptura de Martínez de Silíceo tuvo graves deficiencias, hasta el punto de que el príncipe Felipe aun no sabía leer ni escribir a los siete años de edad. En 1535, el Emperador decidió que había llegado la hora de que su heredero tuviera casa propia y saliera de la tutela de su madre y las damas de la Corte. Pedro González de Mendoza fue sustituido por Juan de Zúñiga, que enseño al príncipe equitación, esgrima y maneras cortesanas. El nuevo ayo era mucho más austero y severo que el anterior. Ese mismo año Carlos V volvió a abandonar España; los años siguientes estarían marcados por un continuo ir y venir del Emperador. En estos años se redactaron una serie de manuales especiales destinados al aprendizaje del príncipe. También, se tradujo al castellano la obra de Erasmo de Rotterdam “Institución del príncipe cristiano” para que sirviera de guía a sus educadores. Entre 1535 y 1540 Martínez Silíceo mantuvo una nutrida correspondencia con el Emperador informándole de los avances en la educación de su hijo. 
Martínez de Silicío
La salud del joven príncipe no era especialmente mala, aunque a lo largo de su infancia padeció enfermedades provocadas por sus hábitos alimenticios. En 1535, al parecer por culpa de un envenenamiento por salmonela, estuvo a punto de morir. A partir de entonces se extremaron las preocupaciones en la Corte y Felipe desarrolló una eterna preocupación por su estado de salud y su higiene personal. En contraposición a su más o menos débil salud, el príncipe era agraciado físicamente y, según un reciente estudio del historiador Henry Kamen (Felipe de España. Madrid, Siglo XXI, 1997), se convirtió en un gran seductor al que apasionaban las aventuras amorosas. Era un gran bailarín y disfrutaba de las fiestas y la música.

En el verano de 1538 Carlos V regresó a España en busca de fondos y hombres para las guerras europeas. En octubre se convocaron Cortes en Toledo. Estas supusieron una gran decepción para el Emperador, ya que se negaron a proporcionar más dinero. Durante la primavera de 1539, la Emperatriz, de nuevo embarazada, enfermó en Toledo. A finales de abril de ese año sufrió un aborto y su estado de salud empeoró. El 1 de mayo de 1539 la Emperatriz Isabel falleció. Esta muerte afectó mucho al príncipe Felipe, hasta el punto de que en esa fecha se puede decir que acabó su infancia y se inició su larga preparación como heredero del Emperador. Ese mismo año Carlos V salió de España para acabar con una revuelta en Gante. Debido a la edad del príncipe, se formó un consejo de regencia formado por el Cardenal Tavera, el duque de Alba y Francisco de los Cobos.
Duque de Alba
Cardenal Tavera
Francisco de Los Cobos
El año de 1540  fue  especialmente difícil tanto para Carlos V como para el Imperio. La Reforma Protestante se extendía por Alemania, el rey de Francia fomentaba las aspiraciones de los protestantes y reclamaba el estratégico ducado de Milán. Castilla sufría los efectos de las malas cosechas y las excesivas guerras. A Todo ello se sumaba la amenaza otomana, cada vez más poderosa gracias a la dirección de Solimán. 
Solimán el Magnífico

LA MAYORÍA DE EDAD: SU FORMACIÓN COMO GOBERNANTE.

La muerte de la Emperatriz y la deficiente educación del príncipe, llevaron a Carlos V a tomar medidas para convertir a Felipe en un buen heredero. En 1541 Silíceo fue destituido. Carlos V nombró a nuevos profesores: Cristóbal  Calvete de Estrella, Honorato de Juan y Juan Ginés de Sepúlveda. Por expresa recomendación de Martínez de Silíceo no se buscó ningún profesor de lenguas modernas, por lo que el príncipe nunca fue capaz de hablar las lenguas de sus dominios ni de los reinos vecinos, aunque llegó a entenderlas.  El joven Felipe no fue un buen alumno. Pese  a los esfuerzos de sus profesores y a la insistencia de su padre, nunca llegó a dominar el latín, su caligrafía no era buena, sus conocimientos del griego muy elementales y su estilo literario, en el mejor de los casos, mediocre. Mostró mayor interés por la danza, la música y la caza. A partir de 1540  tuvo un profesor de música, Luis Narváez. A partir de 1541, el príncipe dispuso de un secretario personal, González Pérez. Este mismo año Felipe fue declarado mayor de edad y puso fin al luto que había guardado por su madre.
Juan Gines de Sepulveda
Luis Narvaez
Los profesores del príncipe Felipe recibieron considerables recursos económicos para formar una biblioteca para el heredero. En la década de 1540, Felipe inició una de las mayores aficiones de su vida, el coleccionismo de libros. El príncipe llegó a formar una de las mayores bibliotecas de su tiempo, atesorada en su obra magna, el Monasterio de El Escorial. 
Monasterio de El Escorial
Entre sus aficiones se encontraban también  los torneos y las justas; tanto era así que el Amadís de Gaula fue siempre uno de sus libros predilectos. Desde pequeño, el príncipe organizaba torneos y justas con sus compañeros de estudios, entre los que se encontraba el hijo de Juan de Zúñiga, Luis de Requesens. El príncipe Felipe mantuvo un gran interés por las artes en general, lo que le llevó a ser uno de los mayores mecenas de su tiempo, pero mostró especial predilección por la arquitectura.

Por orden de  Carlos V se redactó un libro que describía como fue educado el príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos. Una vez redactado el libro, se ordenó a Zúñiga que lo usara como modelo para educar al príncipe Felipe. Gracias a estos esfuerzos, la educación del príncipe mejoró considerablemente. Se puso especial énfasis en enseñar al joven príncipe a ser disciplinado, autocontrolarse y no mostrar sus emociones público. 

En 1542 el `príncipe Felipe realizó su primer viaje de Estado. Carlos V, tras su desastrosa expedición a Argel se refugió en Bugía (Argelia), de donde pasó a Cartagena a finales de 1541; desde allí hizo llamar a su hijo y ambos se encontraron en Ocaña en mayo de 1542. Una vez allí emprendieron viaje a Valladolid y el 2 de mayo la comitiva viajó hasta Burgos. El 2 de junio se dirigieron a Navarra y el día 22 llegaron a Monzón, en Aragón. El  objetivo del viaje era que el príncipe jurase los fueros de la Corona de Aragón. Por ello, se convocaron las cortes en Monzón. Felipe enfermó de fiebres y estuvo convaleciente hasta el mes de agosto. Entre finales de septiembre y principios de octubre las distintas cortes juraron al príncipe. En esos meses los franceses amenazaron la frontera. El 12 de octubre el príncipe marchó hacia Zaragoza y Carlos V a Barcelona. Ambos volvieron a reunirse a principios de noviembre en Barcelona, donde el príncipe disfrutó de la vida nocturna de la ciudad y de las fiestas que se hicieron en su honor. En noviembre la comitiva marchó a Valencia y a finales de año el príncipe regreso a Castilla

Tras este viaje, el Emperador inició la que sería su ausencia más larga. Estuvo  catorce años fuera, y dejó a su hijo al frente del gobierno. Para ayudar al joven príncipe, Carlos V confeccionó un consejo de regencia integrado por políticos de su confianza: Francisco de Cobos, el Duque de Alba, el cardenal Tavera y Fernando de Valdés. El Emperador recomendó a su hijo, en dos cartas, conocidas como instrucción, la mejor manera para tratar con sus consejeros e imponer su autoridad. Los consejos que le dio su padre, acompañaron a Felipe a lo largo de toda su vida: no fiarse nunca de nadie, no demostrar sus emociones, aparecer en público a horas determinadas, ser devoto, temeroso de Dios y justo. En la segunda de las cartas, Carlos V hizo una serie de recomendaciones a su hijo sobre su vida privada que Felipe no atendió. 
Fernando de Valdés
A medida que el príncipe se iba haciendo con las riendas del gobierno y aprendía el funcionamiento de los diferentes consejos de la Monarquía Hispánica, cada vez fueron mayores los roces entre padre e hijo. El Emperador solicitaba continuamente fondos para sufragar sus campañas y Felipe se quejaba del perjuicio que estas peticiones hacían al bienestar de los reinos. En 1544 el Emperador firmó con el rey de Francia la Paz de Crêpy, para alivio de la Corte y de su hijo. A pesar de estas diferencias, Carlos V nunca desautorizó a su hijo en público, es más, estaba orgulloso de la independencia del príncipe y de su buena voluntad para el gobierno. Felipe se entregó a sus nuevas responsabilidades, mostrando un gran interés por todo lo que sucedía en sus dominios. Zúñiga en una carta al Emperador fechada el 8 de junio de 1543 decía a este respecto: “Su Alteza recibió las Instrucciones, con los poderes que V. Mgd. le invia para la overnación destos reynos y de Aragon. Y después de leydo todo, invió las instrucciones particulares a los tribunales y consejos, y a començado a entender con mucho quydado en lo que se le manda, y hasta aquí con buena voluntad. Y todo se comunica con el duque de Alba y el Comendado Mayor del León”. A finales de 1543 la autoridad del Príncipe era incontestable, manejaba todos los asuntos importantes del gobierno, participaba en los Consejos, dictaba órdenes y recibía audiencias.

En esos momentos la Corte se encontraba dividida en dos facciones antagónicas, que pese a sus diferencias siempre colaboraron con las decisiones reales. Por un lado se encontraba el grupo dirigido por el cardenal Tavera, presidente del Consejo de Estado, arzobispo de Toledo e Inquisidor general. El otro grupo estaba dirigido por Francisco de los Cobos, que controlaba la administración. De este grupo formaban parte Fernández de Valdés, presidente del Consejo Real y Francisco García de Loaysa. El Duque de Alba se encontraba ajeno a ambos grupos, aunque acabaría aliándose con la facción de Cobos. Entre ellos, el más importante de los colaboradores del príncipe fue Gonzalo Pérez, su secretario personal y secretario del Consejo de Estado.
Francisco García de Loaysa
En 1543 la Casa del Príncipe, presidida por Zúñiga, estaba  compuesta por 110 personas. Los gastos corrientes ascendían a 32.000 ducados, una octava parte de los gastos de la Casa del Rey. El príncipe basaba su alimentación en el consumo de carne, en ocasiones se incluían hortalizas y frutas, pero nunca pescado. 
Leyes Nuevas
En 1542 Carlos V había firmado las Leyes Nuevas, un intento de regularizar la situación de los territorios americanos. Una figura capital en su implantación fue Bartolomé de Las Casas, que en 1544 regresó a América, como obispo de Chiapas, para impulsar la nueva legislación.  
Bartolomé de las Casas
La aplicación de las Leyes Nuevas estuvo a punto de provocar un motín entre la población española de América, que no estaba dispuesta a perder sus privilegios. La situación fue especialmente grave en el Virreinato del Perú, donde Gonzalo Pizarro encabezó una revuelta. El príncipe Felipe reunió a sus consejeros en 1545 para buscar una salida. Finalmente se envió un negociador, Pedro de la Gasca, que logró, en 1548, acabar con la sublevación y ejecutó a Pizarro. Para el príncipe Felipe esta fue su primera acción de gobierno importante. 
Pedro de La Gasca
Gonzalo Pizarro

REINADO DE FELIPE II 1556-1598

Una de las primeras decisiones de Felipe II como rey de España fue resolver la vieja cuestión del empleo de mano de obra indígena en América. En este asunto, pese a que Felipe había apoyado reiteradamente las posturas de Bartolomé de Las Casas, acabó por ponerse del lado de los españoles asentado en América, ya que estos ofrecieron a la Corona cinco millones de ducados en oro. Carlos V era contrario a esta decisión, pero Felipe II se mostró inflexible ante la apremiante necesidad de fondos. El Emperador permaneció durante un tiempo en Bruselas, dirigiendo en la sombra la política de su hijo, para posteriormente retirarse definitivamente a Yuste, donde falleció el 21 de septiembre de 1558.
Enrique II de Francia
Durante los dos años que Felipe II permaneció en los Países Bajos, desde finales de 1555 hasta 1558, su política estuvo centrada en resolver la contribución de los Países Bajos a las finanzas de su imperio y en tratar de resolver las tensas relaciones con el Papado. Tras estos problemas se encontraba Enrique II de Francia, cuyo reino se encontraba completamente rodeado por los Estados de los Habsburgo. El rey de Francia estaba aliado con Paulo IV, al tiempo que restaba su apoyo a los protestantes de los Países Bajos. Felipe II no quería la guerra con Francia, ya que era consciente de la imposibilidad de hacer frente a nuevos gastos. En febrero de 1556 Felipe II firmó por sorpresa la Tregua de Vaucelles. No obstante la guerra acabó estallando al año siguiente. En 1555 Felipe II había nombrado al Duque de Alba, virrey de Nápoles. Tras meses de provocaciones por parte del Papado, en septiembre de 1556 Felipe II dio la orden de hostigar los Estados papales. Paulo IV solicitó la ayuda francesa y en enero de 1557 el duque de Guisa invadió Italia al tiempo que el almirante Coligny atacó los Países bajos. La guerra había empezado.
Almirante Coligny
Duque de Guisa
Felipe II reagrupó sus fuerzas, obtuvo la ayuda de Inglaterra y se lanzó sobre Francia con el objetivo de obligar a Enrique II a declarar la paz. Felipe II se reunión con su ejército en Bruselas, allí, las tropas estaban al mando del joven Manuel Filiberto de Saboya. 
Manuel Filiberto de Saboya
El ejército de Felipe II estaba integrado por unos 35.000 infantes, entre los que se encontraban el príncipe de Orange y el conde de Egmont. 
Principe de Orange

                                                                                                         Conde de Egmont
Los franceses, comandados por Anne de Montmorency, Coligny y  Saint-Andrè, se lanzaron al ataque e invadieron los Países Bajos. Ambos ejércitos se encontraron en la localidad de San Quintín, con victoria para Felipe II. El ejército francés fue aplastado y algunos de los principales militares franceses murieron o fueron apresados. San Quintín fue un triunfo de los ejércitos de Felipe II, pero no de las tropas españolas como tantas veces se ha dicho. De los 48.000 efectivos que finalmente pudo reunir Felipe II, sólo el 12% eran españoles, mientas que el 53% era alemanes, el 23% neerlandeses y el 12% ingleses; ninguno de los generales era español.
Anne de Montmorency
Vista de la Toma de San Quintin.
La guerra también fue favorable para Felipe II en Italia, donde Alba obligó al Papado a firmar la paz. Pese a todo, Francia no estaba a vencida. El duque de Guisa reclutó un nuevo ejército y el 1 de enero de 1558 arrebató Calais a los ingleses. La reacción de Felipe II fue fulminante y en julio los franceses volvieron a ser aplastados, esta vez por el conde de Egmont, en Gravelinas. La paz se hizo entonces posible.
Sitio de Las Gravelinas

lunes, 18 de febrero de 2013

CARLOS V, continuación




Apuntes recogidos de las clases de D.Luis Crovetto.

Las guerras contra Francia

Los motivos de enfrentamiento eran sobre todo de orden territorial, Francisco I reclamaba Navarra y el Rosellón mientras que Carlos V defendía su derecho a Milán y Borgoña, pero en el fondo lo que se dirimía era una cuestión de hegemonía europea.
Las dos primeras guerras ocupan el decenio 1521-1529 y salvo en su fase inicial con el intento francés sobre Navarra, que fue rechazado, toda la acción se desarrolló en Italia. La manzana de la discordia fue el ducado de Milán, viejo feudo imperial y nudo de comunicaciones ente los núcleos latino y germano del Imperio de Carlos V.
Los imperiales ocupan por sorpresa el ducado y los franceses pretenden recuperarlo. 
Francisco I de Francia
Francisco I organiza un ejército tras otro que atraviesa los Alpes y es sistemáticamente derrotado en las campiñas lombardas. Militarmente la combinación de la infantería pesada alemana -  Lansquenetes y Piqueros y la ligera española -  Arcabuceros y Ballesteros -  se impone a los ejércitos franceses, más lujosos que prácticos. 
Lasquenetes
                                                                  Ballesteros

Arabuceros y Piqueros
La caballería, base del ejército francés se muestra impotente ante las armas de fuego, pero Francia, país próspero y más homogéneo que los dispersos estados del emperador rehace una y otra vez sus maltrechas fuerzas y acaba poniendo a las fuerza imperiales al borde del agotamiento. Bajo esta situación se da la batalla de Pavía  en febrero de 1525. 
Batalla de Pavía
Más  importante que por la victoria en sí, este triunfo hace prisionero a  Francisco I. El rey de Francia es conducido a Madrid y tras laboriosas negociaciones se llega al Tratado de Madrid en enero de 1526 en el que Carlos V no acierta en los términos porque intentó seguir un camino intermedio entre los que le aconsejaban una actitud generosa para ganarse la amistad de Francisco I y los que propugnaban una máxima exigencia; esto hace que a fin de cuentas no logre casi ningún resultado. De  hecho las vagas cláusulas del Tratado de Madrid eran papel mojado ya que Francisco I, una vez libre, no pensó más  que en la revancha; se había ganado la guerra pero se había perdido la paz.
Tratado de Madrid firmado entre Carlos V y Francisco I
Muy pronto comienzan  las hostilidades: la Liga Clementina o de Cognac representa un intento por parte de los príncipes italianos y de Papa Clemente VII a la cabeza, de sacudirse la hegemonía imperial con la ayuda de Francia. Los imperiales no tuvieron dificultad para controlar los estados italianos, incluyendo los pontificios, con el episodio del "saco de Roma" en 1527, llevado a cabo por los mercenarios como compensación por la falta de pagas, pero se está a punto de perder Nápoles atacado por los franceses y a donde no se podían enviar refuerzos porque el marino Andrea Doria, aliado de los franceses, controlaba las rutas del mar. 
Andrea Doria
La defección de Doria que paso al bando imperial, hizo cambiar la situación. Nápoles fue reforzada y los españoles pasaron a la ofensiva, pero el Emperador tiene que pactar la paz porque aparecen nuevos frentes. Por una parte la Dieta de Spira en 1529 hacia necesario el envío de tropas a Alemania para luchar contra los príncipes luteranos y la avalancha turca por el Danubio, después de la derrota de Luis de Hungría en Mohacz en 1526, se precipitaba en esos momentos sobre Viena.
Luis de Hungría en Mohacz
En esta circunstancias se llega a La Paz de Cambrai o de las Damas llamada así porque fue firmada por Luisa de Saboya madre de Francisco I y Margarita de Austria, tía de Carlos V en la cuidad de Cambrai el 5 de agosto de 1529, por la que Francia y España cansadas de luchar llegan a una paz realista. Carlos V renunciaba de momento a sus aspiraciones sobre Borgoña, pero aseguraba su dominio en Italia; esto permite al Emperador dedicarse a los dos grandes problemas  del momento: los turcos y los protestantes.
Firma de la paz de Cambrai o de las Damas

                                                                                                   Lluisa  de Saboya
Margarita de Austria

El problema del luteranismo

Los asuntos alemanes reclamaban la presencia urgente del Emperador y a penas firmada La Paz de Cambrai en 1529 envía las tropas de Milán al mando del marqués del Vasto en socorro de Viena, cercada ya por el ejército de Solimán, que no deseaba enfrentarse a la infantería española y que ordena la retirada antes de que se llegue a un choque importante. Europa se libra del ataque turco que amenazaba partirla en dos, a través de la diagonal del Danubio.
Soliman
Mucho más complicado  se  presentaba el problema de  la herejía. Carlos V durante su primer viaje  a Alemania en 1520 había visto la gravedad del movimiento encabezado por Lutero en la Dieta de  Worms, pero había creído solucionarlo con unas cuantas disposiciones condenatorias. Luego  los asuntos españoles y las guerras con Francia le habían distraído casi por completo y ahora la rebeldía luterana aparecía diez años después más extendida clara y amenazadora que diez años antes.
Lutero en la Dieta de Worms
Lutero había tenido la habilidad de hacer confluir en el suyo una serie de movimientos coetáneos: la conciencia de la necesidad de una reforma de la Iglesia que remediase los abusos y corrigiese una serie de defectos de forma introducidos poco a poco por rutina y debilidad, el sentimiento anti latino, anti romano, común a todo el pensamiento alemán, por entonces vinculado sobre todos a la corriente humanista de Melanchton y Hutten, el individualismo propio del Renacimiento, la ambición. Los príncipes, llamados a poseer -  sí la herejía  triunfaba -   los ricos señoríos de la Iglesia.
Martin Lutero
                                                                                                                     Hutten

Las doctrinas luteranas prendieron en el pueblo con facilidad porque la idea de una mayor libertad moral, como la emancipación de toda autoridad eclesiástica, resultaba atractiva para mucha conciencias.
Cuando Carlos V llega a Alemania en 1530, los protestantes, llamados así desde la Dieta de Spira, eran ya millones y se extendías por la mitad del Imperio.
Carlos V no era en absoluto intolerante. Por carácter y formación se inclinaba a la concordia y al diálogo y en el aspecto religioso, aunque fervoroso católico y de una ortodoxia de la que no se puede dudar, estaba  notablemente influido por las ideas erasmistas y deseaba reducir el brote luterano mediante el coloquio y las mutuas concesiones razonables. Como otros muchos católicos comprendía la necesidad de una sana reforma en el seno de la Iglesia. Su error fue creer que las diferencias  entre católicos y protestantes eran accidentales y que una serie de reformas externas o en puntos doctrinales no afectados por el dogma serían suficientes para atraerse a Lutero y a los suyos.
Carlos V  en la Dieta de Aubsburgo
Su política concesiva en la Dieta de Augsburgo en 1530 sorprendió a los mismos protestantes y representó en palabras de Melanchton el más glorioso de sus triunfos. El Emperador cedió cuanto pudo hasta donde su conciencia católica le permitió llegar, sin que eso permitiera alcanzar la avenencia total de los luteranos. 

Nuremberg
Otras  dietas, Núremberg y Ratisbona, trataron de llega a puntos de acuerdo entre los dos grupos, pero el Emperador se fue dando cuenta de que la cuestión no podía ser resuelta por una asamblea política y competía únicamente a los teólogos. Se  imponía la idea de un Concilio. En esto coincidían los criterios de Carlos V y el nuevo papa Paulo III, decidido partidario de proceder sin demora a la auténtica reforma la Iglesia. 

Papa Pablo III
Pero  el concepto de concilio no era el mismo para ambos. El  Emperador pensaba más en un Sínodo, una  Mesa redonda en el que luteranos, salvadas ciertas garantía  respecto al dogma y la autoridad pontificia, pudieran exponer libremente sus opinión. Para  el Pontífice, la sumisión previa los herejes era requisito imprescindible para que pudieran ser admitidos a las deliberaciones. Las discrepancias explican en gran parte las dilaciones que fueron demorando la convocatoria del Concilio, pese a la buena voluntad de ambos. Cuando al fin se reunió el tan esperado Concilió en 1545 en Trento, era demasiado tarde. No  fue el Concilio de la unión sino el de la separación radical, la definición tajante de la verdad católica frente a un protestantismo poderoso que desde hacía tres años había perdido todo deseo de dialogar.
Concilio de Trento
La acción anti turca

Al asalto de Viena fue contenido en 1529 a costa de precipitar la paz en Cambrai. El intento se repitió tres años más tarde con una fuerza que hicieron temer por la suerte de la ciudad, pero los alemanes, en una etapa de relativa confraternización entre católicos y protestantes, en  el que el  mismo Lutero aconsejó la unión cristiana frente al enemigo común, hace que el sitio de Viena vuelva a ser levantado. En  años sucesivos se repiten ataques esporádicos dada vez menos peligrosos conforme se hace patente la fatiga turca, quedando a salvo el flanco danubiano de Europa.
En el Mediterráneo la actividad turca se mantiene durante más tiempo, aquí se monta el tipo de cruzada corta propuesta por los españoles. La  mayor parte de las conquistas africanas de Fernando el Católico habían caído en manos de los piratas, Barbarroja sobre todo, dependientes más o menos del poder de Constantinopla; de esas bases partían incursiones contra las costas españolas o italianas. Esto  hace necesaria la recuperación de esas plazas y para ello contaba el Emperador con las naves españolas y  la bien adiestrada flota genovesa de Andrea Doria. El periodo 1530 a 1545 representa el esfuerzo el Carlos V por dominar el Mediterráneo occidental. La principal operación tiene lugar  en 1535 con la conquista de Túnez, aunque después fracasa en el intento de conquistar Argel. El Emperador había intentado una liga anti turca en la que no consiguió más que la alianza de Venecia y en las batallas de  Gravosa y Santa María los resultados son indecisos.
Barbarroja
A partir de 1453 el desplazamiento del Emperador hacia el mundo germánico va a determinar la pérdida de todo lo logrado.

Las nuevas guerras con Francia

En 1535 regresa Carlos V a Italia triunfante, después de conquistar Túnez pero se encuentra con que los franceses han invadido  Piamonte posiblemente para presionar la colocación de un candidato  a Duque de Milán más favorable a Francia ya que el anterior duque, Francisco Sforza, acababa de fallecer. Pero el emperador lo interpreta como un intento de Conquistar Milán y desconfiando de Francia opta por la guerra pese a la opinión contraria del papa Paulo III que aspiraba a reunir el Concilio.
Francisco II Sforza
Carlos V escuchó dos consejos: el de Antonio de Leyva, viejo milita español, que sostenía la conveniencia de resistir en el Piamonte hasta agotar a los franceses, y el de Andrea Doria, que veía factible una operación de desembarco en el sur de Francia, para penetrar en el reino de su enemigo. El Emperador se decide por el plan más audaz; fue en la historia de la guerra moderna, la primera operación combinada a gran escala: se sincronizan hombres, barcos y abastecimiento desde puertos españoles e italianos. El esfuerzo económico supero todos los precedentes, Carlos hubo de empeñar todos los recursos del erario, para sufragar los créditos que le habían concedido los banqueros italianos.
Antonio de Leyva
Sin embargo la campaña del Provenza en 1536 fue un fracaso; los franceses en  retirada  practicaron la táctica de  tierra quemada y las provisiones no llegaban a tiempo, no se logró una victoria definitiva y al final la guerra languidece hasta la Tregua de Niza en 1538.
Tregua de Niza
A fines de 1541 se reanudan las hostilidades con motivo del asesinato de unos agentes de Francisco I en Milán, pero el ataque fracasa en Artois, Piamonte y Rosellón. Como  los imperiales habían fracasado antes en Provenza, ahora las tácticas defensivas prevalecen sobre las ofensivas a causa sobre todo de la creciente eficacia de las armas de fuego, que favorecen al combatiente en reposo frente al combatiente en movimiento.
En 1543, el Emperador abandona definitivamente España y la cuenca mediterránea y va a centrar su actividad en el mundo germánico y una vez allí dirigir la invasión de Francia por el norte. A  partir de ahora y durante más de un siglo la pugna hispano francesa no será Nápoles o la Lombardía sino las llanuras de Artois  o la Champaña camino de París. Por  esa zona avanza el Emperador con su aliado de última hora Enrique VIII de Inglaterra, pero el británico perdió mucho tiempo en el ataque a Caláis y llego tarde a la cita bajo los muros de París y ya no se podía preparar un asedio en regla – por ser invierno - hasta la campaña siguiente. Unos y otros estaban agotados por el esfuerzo y los terribles dispendios económicos por lo que se llega a la Paz de Crepy en 1544. 
La pazde Crepy
La  pugna entre Francia y el Imperio sigue sin decidirse aunque el desengañado Francisco I estaba tan poco animado a reanudarla como el propio Carlos V.

CARLOS V, continuación

RENACIMIENTO RELIGIOSO EN ESPAÑA


Según los apuntes tomados de las clases impartidas por D. Luis Crovetto, ponente.


El renacimiento religioso promovido por Cisneros y prolongado en el siglo XVI por reformadores como San Pedro de Alcántara, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, tuvo resultados profundos y permanentes: mejoró las órdenes religiosas y el  clero en España en tal medida, que durante los años del Concilio de Trento, jugaron un papel importantísimo. 
San Pedro de Alcántara
                                                     Santa Teresa de Jesús


San Juan de la Cruz
Simultáneamente la reactivación teológica llevada a cabo por los dominicos de la escuela de Salamanca, como Francisco Vitoria, Melchor Cano y Domingo Soto y luego por la recién fundada Compañía de Jesús, aportaron mucho no sólo al debate con el protestantismo sino también a los problemas del Imperio – como los   de las relaciones raciales y el derecho internacional- planteados por la situación internacional de España en aquellos momentos. Por otra parte el hecho de que se hubiera hecho ya la reforma de la Iglesia española, inmuniza al país contra  la propaganda protestante. Por ejemplo, antes  de que Lutero hubiera protestado por la predicación de las indulgencias, el Cardenal Cisneros ya la había prohibido en España.
Francisco de Vitoria
Melchor Cano
                                                                  Domingo de Soto
La corriente hacia la vida religiosa aumento desproporcionadamente pero muchos de  estos se dejaron influir por las exageraciones del Iluminismo y la corrección de Cisneros de los desórdenes monásticos es una de las explicaciones del éxito de Erasmo de Rotterdam  en España.

El instrumento para tratar con la heterodoxia era la Inquisición.

El Iluminismo o Alumbrados tenía orígenes exclusivamente hispánicos y  es independiente del protestantismo. De  hecho ya existía en Salamanca y Guadalajara.  Tenía su origen en un grupo de franciscanos entre los que había varios de ascendencia judía. Su credo era el abandono de la voluntad en Dios y la capacidad de los iniciados de establecer la comunicación personal con la esencia divina por medio del éxtasis, en cuyos trances, según ellos, no podían pecar y a menudo sacaron la consecuencia de la inutilidad de las obras buenas. Algunos de sus seguidores encontraron en estas doctrinas un fácil pretexto para las pasiones sexuales, como Francisca Hernández, de quien los hombres hablaban con fanática veneración y las mujeres no con tanto respetó.  Otros fueron considerados como santos y profetas, a menudo con suficiente éxito para atraer la protección de la nobleza. En la segunda década del siglo se descubrió un grupo de Iluminados en Toledo compuesto casi exclusivamente por frailes y monjas. La Inquisición tuvo poco trabajo para arrancarlo y por un edicto de 1525 condenó toda la doctrina Iluminista. Esto  hace que  cualquiera que manifestase excesivo fervor religioso corriera el riesgo de pasar por sospechosos. Como  ejemplo: San Ignacio de Loyola, futuro fundador de la Compañía de Jesús fue encarcelado en 1527 y sometido a tres interrogatorios por causa de supuestas inclinaciones Iluministas.
San Ignacio de Loyola
Aunque el Iluminismo se anticipó a las doctrinas luteranas muchas de sus doctrinas, como la ineficacia de las obras externas, se asemejan a las de Lutero, por lo que allanó el camino de entrada del protestantismo en España. En 1520 se publicó en Flandes una traducción española del comentario de Lutero a la Epístola a los Gálatas, seguido de su Libertad del cristiano. En aquellos momentos, poco se sabía en España acerca de Lutero. Pero encargado  por Roma,  el Inquisidor General Adriano, promulgo el 7 de septiembre de 1521 la primera circular contra los libros de Lutero en España.  A partir de ese momento las autoridades eclesiásticas mantuvieron una vigilancia celosa contra la entrada de publicaciones y misioneros luteranos, sobre todo en los puertos del norte, pero en diez años aparecieron nuevos nombres, desconocidos para la mayoría de los españoles, en la lista de escritores reformadores protestantes, por lo que sus libros entraban sin problemas. Los  mismos Inquisidores no siempre estaban seguros de su tarea,  por su incapacidad para discernir las doctrinas heréticas. Se da el caso  de que  en 1528 en Toledo empieza un juicio por luteranismo contra Diego de Uceda, que de hecho no era luterano,  sino  un entusiasta seguidor de Erasmo.
Erasmo de Rotterdam
Erasmo inaugura una nueva fase en el renacimiento español. En  1516 después de la publicación de su Nuevo Testamento es invitado a España por el Cardenal Cisneros, visita que  no se llevó a efecto. También constituía otro punto en común con Erasmo la represión de los abusos monásticos emprendida por los reformadores españoles, aunque tuvieran un contenido más positivo que la burlas amontonadas por Erasmo sobré las órdenes religiosas. Al apelar a una reforma general de la Iglesia, Erasmo satirizaba a los que consideraba responsables de la corrupción, insistiendo en la vuelta  a la simplicidad de la era apostólica. En las etapas iniciales del choque de Lutero con Roma, Erasmo se negó a solidarizarse con él y aconsejó moderación a ambas partes. Su opinión era que la Iglesia debía reformarse así misma antes de condenar doctrinas. Con todo en 1521 se vio obligado por sus propios principios a repudiar a Lutero por la cuestión del libre albedrío; a partir entonces las dudas españolas sobre su doctrina desaparecieron y preocupaba poco a los españoles que Roma no acabara de ver bien su doctrina, dado que la política de Clemente VII, no como Papa sino  como jefe de los Estados Pontificios, era hostil a Carlos V.
Las  ideas de  Erasmo eran bien acogidas por los partidarios de la concordia cristiana. En  la corte del Emperador había defensores influyentes de Erasmo, entre otros el secretario del Emperador Alfonso de Valdés. Desde 1522 la corte está en España y los erasmistas españoles gozaron de posiciones estrategias para promover y proteger los escritos de su maestro. En  la universidad de Alcalá los seguidores de Erasmo eran más numerosos que en la corte, donde Juan de Vergara que había trabajado en la Biblia Políglota y era además secretario del arzobispo de Toledo, Alfonso de Fonseca, aportó todo su prestigio a favor de sus doctrinas. Por  otra parte el arzobispo de Sevilla, Alfonso Manrique, que además era Inquisidor General, defiende a Erasmo cuando el embajador de Inglaterra en España azuza a los franciscanos para que fuera acusado  de herejía.
Entre los años 1522 y 1525 el movimiento erasmista se estableció con éxito en España, muchos de sus escritos se publicaron en traducciones españolas y el propio Erasmo llego a escribir: “Debo más a España que a mi país o a otro cualquiera”. Pero también tenía sus adversarios y al hacerse más inflexible la lucha religiosa en Alemania, también aumentó aquí la tensión, sobre todo después de la traducción del Enchiridion, con la dedicatoria a Manrique, en 1527.
Manrique convoco en Valladolid en 1527 una junta de treinta y dos teólogos para que examinaran una lista de proposiciones erasmistas y tras seis semanas de discusión no llegaron  a una resolución unánime pero sí quedo claro   que se  prohibían los ataques contra el sabio, decisión que un breve papal trato de modificar. El mismo Carlos V, movido por Valdés, envió a Erasmo una carta cordial comunicándole que no debía temer una resolución contraria y testimoniando su personal convicción sobre su piedad.
Durante los dos años siguientes, se multiplicaban por España las traducciones de  los escritos de Erasmo y gozaba entre la gente culta de fama incomparable con ningún otro país europeo. 
Alfonso de Valdés
Entre 1527 y 1528 Alfonso Valdés escribió dos diálogos populares en castellano denunciando los abusos clericales y justificando el Saco de  Roma por causa de la política papal, al que consideraba un  adversario político, y alabando las tesis de Erasmo. 
Baltasar de Castiglione
El nuncio en España Baltasar de Castiglione, el autor de El Cortesano, exigió que  fueran recogidos  y destruidos todos los ejemplares, pero el Inquisidor general se negó a ello. En Augsburgo durante el verano de 1530 Valdés estuvo en contacto con Melanchthon y aunque en España sus enemigos iban aumentando su  poder gozo hasta el final de favor de Carlos V. En 1529 Juan de Valdés, hermanó de Alfonso, público su Diálogo de la Doctrina Cristiana, en la que no solo ensalzaba las virtudes de Erasmo sino que  tachaba a sus opositores de locos que desconocían la verdadera piedad cristiana. Esta vez la Inquisición se movió rápidamente y empezó una serie de escrutinios que condujeron a la salida de Valdés hacia Italia y la consiguiente condena de herejía que comportaba la prohibición de sus obras en España.
Melanchthon
La condena de Juan Valdés fue signo de los nuevos tiempos. Consciente  de la expansión del protestantismo fuera de España, la Iglesia española, se hizo más sensible a las críticas y menos capaz de tolerar las discrepancias, aunque se movieran dentro de la ortodoxia.La Inquisición renueva su campaña con nuevo vigor y ataca los baluartes de los humanistas: la Corte y las Universidades. En  julio de 1529, Carlos V sale de España hacia Italia, llevándose consigo a muchos influyentes cortesanos erasmistas.En diciembre del mismo año el Inquisidor General Manrique todavía partidario incondicional de Erasmo es expulsado de la Corte por haber disgustado a la emperatriz. Cuando  regresa Carlos V en 1533 la Inquisición había logrado con éxito asociar  la mentalidad pública con las herejías de Lutero y los principales erasmistas estaban en la cárcel por pro-luteranos o habían huido del país. Juan de Vergara, hombre de vasta cultura y cristiano nuevo fue encarcelado en 1533 pese a los esfuerzos de su mecenas el arzobispo Fonseca. Le  acusaron de iluminado, luterano y erasmista a la vez.
Escuda Inquisidor Manrique
También se abrieron investigaciones contra los sabios de la Universidad de Alcalá. Su  canciller Pedro Lerma antiguo partidario de Erasmo es encarcelado por la Inquisición y obligado a retractarse en todas las ciudades donde había predicado. Lerma huyo de España regresando a la Sorbona, donde había sido decano de teología,  negándose a regresar a España. En 1538  la muerte del Inquisidor General Manrique supone la desaparición del último erasmista con autoridad eclesiástica. El hecho de que Erasmo hubiera declarado su oposición a Lutero no cambiaba las cosas. 
Luis Vives
Luis Vives escribió a un amigo holandés: “vivimos tiempos difíciles, en los que resulta peligroso tanto hablar como guardar silencio”. A partir de cuándo se  redujo al silencio a los erasmistas la Inquisición se sintió segura de la unidad religiosa y surge una relativa calma en la Península.          

domingo, 10 de febrero de 2013


JUAN BELMONTE, MATADOR DE TOROS, Manuel Chaves Nogales

Para una persona como yo que jamás ha ido a una corrida de toros a pesar de vivir a menos de 10 minutos de la plaza de mi ciudad parece un tanto extraño que me dedique a la lectura de esta biografía novelada de Juan Belmonte, pero como siempre se aprende tengo que decir que ha resultado una lectura deliciosa. Primero: porque la lectura se hace ágil por la misma estructura del libro: capítulos divididos en epígrafes, así se sigue muy bien la cronología de la historia. Segundo: porque tiene un humor andaluz (¿o británico?) muy fino que me ha hecho sonreír más de una vez. Tercero: porque un NO especialista en toros aprende algo sobre el asunto pero nunca se pierde a pesar de su ignorancia sobre el tema ¿qué pensara un aficionado de verdad y un antitaurino?. Cuarto: porque refleja muy bien el ambiente de los barrios sevillanos, la cohorte que rodea a los toreros, la rutina y el miedo del torero así como el ambiente literario y cultural de la época (cita a Valle Inclán y a Julio Camba). En resumen, muy recomendable para cualquiera, además está muy bien escrito aunque en la edición de Alianza Editorial he encontrado más de una errata, espero que Asterisco haya publicado mejor (seguro).
Dos citas: la primera vez que va a Nueva York y lo compara con Sevilla: “pero aquí en NY, donde un hombre no es nadie y una calle es un número , ¿cómo se puede vivir? (p.166) “
La segunda frase es premonitoria: “¿quién te dice que algún día no han de ser abolidas las corridas de toros y desdeñada la memoria de sus héroes? Precisamente, los Gobiernos socialistas…”(p.202) a todo esto…publicado en 1935 ¿qué opináis?
Como siempre incluyo el link  del blog de la autora de la reseña.
http://leocuantopuedo.wordpress.com/2011/02/02/juan-belmonte-matador-de-toros-manuel-chaves-nogales/.  
Me parece que es interesante leer los comentarios hechos por los lectores.